NUMERO 114 - junio

Nosotros y el Universo


En  este último tiempo, he prestado especial atención a algunos motivos de consulta de alta frecuencia que preocupan y alteran la calidad de vida de los pacientes. Me refiero  a  los cambios en el estado de ánimo, tales como humor depresivo y trastornos de ansiedad; y a síntomas inespecíficos  como mareos, astenia y adinamia.

Muchas veces no encontramos las causas de éstos síndromes ya que no encuadran en las etiologías por todos conocidas y presentes en los libros de medicina interna. Si bien sabemos que muchas veces las etiologías pueden ser idiopáticas, debemos tener en cuenta que los cambios de estación pueden originar distintos cambios en el organismo y en la psiquis de algunas personas. Se sabe que hay varias entidades relacionadas con estos cambios; el más conocido es el trastorno afectivo estacional. Éste aparece a fines de otoño, o a principios de invierno, y desaparece los días más soleados de primavera y verano. Con menos frecuencia, hay personas que presentan el patrón opuesto,  y tienen síntomas en los comienzos de la primavera y verano.

                Los síntomas que suelen predominar son apatía,  abulia, anhedonia, astenia psicofísica,  trastornos del sueño y del apetito, dificultad en la concentración, somnolencia, desesperanza e incluso ideas recurrentes de muerte o suicidio. La frecuencia y duración de los mismos tienen una variación interindividual.

              En otoño-invierno predominará el exceso de sueño, la hiperorexia,  y el desgano. Mientras que en las estaciones opuestas, serán el insomnio, la hiporexia y la ansiedad. Estos síntomas pueden darse en pacientes sin trastornos psiquiátricos de base y, también, en pacientes con trastornos previos; es el caso de las personas con trastorno bipolar que  exacerban  la manía en verano y la depresión en invierno.

             Las posibles causales son: el nivel reducido de la luz solar y la disminución de los niveles de serotonina en estadios invernales, así como alteraciones en el equilibrio de la melatonina en ambos, solsticios y equinoccios.

             Se observan más en mujeres que en varones y más en adultos jóvenes que en mayores. Los antecedentes familiares, la depresión mayor y el trastorno bipolar  juegan un rol fundamental.

            El diagnóstico es clínico (descartando otras patologías) . El tratamiento se puede llevar a cabo con antidepresivos inhibidores de la recaptación de serotonina y, en ocasiones, con terapia lumínica y psicoterapia cognitivo-conductual. El ejercicio físico regular y las técnicas psicosomáticas, como el yoga, el taichi, la meditación, la musicoterapia y el arteterapia, también pueden ser beneficiosos.

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Jorgelina Presta es médica clínica y docente de la Cátedra de Clínica Médica de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Rosario, Argentina. Es miembro estable del Comité Editorial del portal médico Clínica-UNR.org.