NUMERO 114 - junio

Las enfermedades en la Pintura



En primer lugar, agradezco a las autoridades de este importante Congreso Internacional, la invitación para poder exponer sobre la Medicina y el Arte, dos disciplinas que se nutren del mismo paradigma: el Humanismo.

 

Cuando digo Arte, me refiero a la pintura, pues, quizás por su accesibilidad, es la actividad plástica que ha dejado los mejores y más impresionantes ejemplos de esa realidad dramática que es la enfermedad.

 

Hasta la actualidad,  he desarrollado este tema en tres libros;  en ellos se puede ver como los excelsos pintores de todos los tiempos, tal vez sin proponérselo, se convirtieron en mensajeros de un rico y útil legado que, sin dudas, contribuyó a documentar la Historia de la Medicina.

 

Para ilustrar el concepto anterior veamos las tapas de esos libros. Comenzamos por el que vio la luz recientemente, el último.


                        

                                                                                    


Ver, rever y analizar durante un prolongado tiempo el famoso cuadro Un Episodio de fiebre amarilla, del eximio pintor uruguayo Juan Manuel Blanes, fue lo que me motivó, en principio, a escribir sobre la interpretación de esa cruel escena. Esa pintura narra una historia real y dramática ocurrida en Buenos Aires en el año 1871. La causa de tanto horror y tristeza fue el azote impiadoso de la gran epidemia de fiebre amarilla que asoló a la ciudad que, en ese tiempo, contaba con 180.000 habitantes. Se salvaron quienes huyeron (entre ellos el presidente de la nación) y los que tuvieron la aleatoria suerte de superar ese despiadado y terrorífico trance. En varios capítulos de éste libro trato el tema desde el punto de vista epidemiológico. Sin embargo, por su condicional importancia, me pareció que debía enmarcar la tragedia teniendo en cuenta el aspecto sobre todo humanitario, pero también el social y político en aquel tiempo. Un pasaje real e importante, aunque novelado del drama trascurre en esta ciudad de Rosario en ocasión de la tremenda epidemia de cólera que comenzó en al año 1867 (hubo otras más crueles en 1887 y 1895). En esa ocasión tuvo una actuación solidaria y filantrópica el doctor Tomas Hutchinson quien, por esos tiempos, fue un destacado profesional en esta ciudad.

       

 

La Medicina y el Arte es el título del primer libro. La cubierta nos muestra una de las famosas ilustraciones realizadas para la monumental obra: De Humani Corpori Libris Septens. Más conocido como De Fábrica. La imagen es una alegoría que representa el tiempo de la vida y la muerte, como definitivamente inexorable. La inscripción en latín nos recuerda la sentencia El genio sobrevive, todo lo demás es mortal”. Aquí, en este libro, me ubico al lado del pintor y vemos a la modelo. No hay dudas de que aquellos pintores casi anatomistas, sabían lo que estaba bien, y lo anómalo en el cuerpo humano, y como tal lo plasmaron en sus lienzos.

 

En mi segundo libro: Arte más arte más algo de mediciname coloco al lado de la modelo y vemos al artista. Ellos también fueron seres vivos con emociones, sentimientos y, como nosotros, cada día se despertaban y vivían el día con lo que les tocaba llevar a cuesta: alegrías, penas, enfermedades, sean estas físicas y/o psíquicas. El libro nos narra de qué manera sus dolencias condicionaron sus producciones artísticas. Más adelante lo explicitaré tomando, entre otros, los ejemplos de Vincent Van Gogh y el del impresionista Pierre Renoir.  Mientras tanto, estamos viendo al enano más famoso de la historia del arte: Henry Toulouse Lautrec se dedicó especialmente a los afiches y cartelerías de famosos cabarets y burdeles de París y a mujeres, bailarinas y prostitutas.

 

Por supuesto que ninguno de estos libros pretende ser un compendio de medicina patológica, sino que es más parecido a una visita guiada especializada a los cuatro más importantes museos del mundo. De ellos, he recopilado las más de trescientas pinturas que lo ilustran. El texto que acompaña cada imagen nos dice sobre la interpretación médica de una enfermedad representada en esas relevantes obras de arte. Seguramente cuando los artistas las realizaron no pensaban que podían tener un destino de fama; cabe agregar que muchas de esas dolencias eran desconocidas o no habían sido descritas como tal. La selección que he realizado es absolutamente personal. Hay muchas más.

 

Cual si fuera una visita guiada, vamos a comenzar un paseo por algunas obras de los libros citados.

 

Estamos viendo La Fornarina. A Rafael le habría resultado fácil disimular la deformación en la mama izquierda. Sin embargo, nos muestra a su amante como la veía. En la opinión de un experto que estudió detenidamente este cuadro, ella señala el cáncer con su mano sobre el pecho izquierdo y el índice apuntando a la masa tumoral.

Del mismo insigne maestro renacentista, vemos el fresco la Escuela de Atenas, su obra más famosa. Nos muestra Rafael una reunión, presidida por Apolo y Atenea, en la que participan los filósofos, científicos y matemáticos más importantes de la época clásica. Naturalmente y a pesar de su manifiesta rivalidad, no podía dejar de incluirlo a Miguel Ángel, más aún después de haber visto la maravilla que éste pintara en el techo de la Capilla Sixtina. También a él lo pintó como lo veía. En primerísimo plano y representando a Heráclito (filósofo griego) lo pintó con sus rodillas deformadas por gruesos nódulos que, más tarde, fueron interpretados como tofos uricémicos, o plúmbicos (rarísimos) o deformaciones de una artritis reumatoidea.

 

Precisamente Miguel Ángel Buonarroti es el maestro por excelencia del dibujo anatómico, en especial,  de la figura masculina. Fue sin duda su tema predilecto y nos los muestra en La Creación de Adán, solo por mencionar una de sus magníficas obras de arte.

 

Naturalmente, no puedo dejar de citar a LeonardoFue otro de los grandes anatomistas del Renacimiento. Su dibujo Las proporciones del hombre, está basado en las teorías del arquitecto romano Marco Vitrubio, sobre la aplicación de la sección o número áureo al ser humano. Logró, de esta manera, la proporcionalidad perfecta del cuerpo humano y es, el llamado Hombre de Vitrubio, la verdadera síntesis de la perfección. La imagen nos muestra una visión del hombre como el centro del Universo, al quedar inscrito simultáneamente en un círculo y en un cuadrado.

 

Ya había nombrado a Vezalio, quien fue continuador de los grandes anatomistas del Renacimiento El monumental libro De Humani Corpori (Fábrica), lo escribió cuando tenía tan solo veintitrés años; se destaca por sus bellísimas figuras que, a casi cinco siglos de distancia, siguen impactando al observador. Por esta obra, Andrea Vezalio es considerado el padre de la anatomía como disciplina.

 

Lecciones de Anatomía

 

El interés que despertó el libro de Vesalio y las excelentes ilustraciones, más los aportes realizados por otros célebres anatomistas, llevó a los pintores de la época a realizar, por pedido, los retratos de éstos y sus lecciones.

La elección del tema y su realización por los más ilustres pintores, especialmente holandeses, marca el momento en que la pintura, en Holanda, había llegado a su apogeo, y fue Rembrandt el más conspicuo representante de ese tiempo y de esa escuela. Se lo recuerda sobre todo por sus magistrales retratos de grupo, absolutamente alejados de todo convencionalismo. La maestría compositiva, la perfecta caracterización de los personajes, el detallado estudio de los ademanes, la agudeza de los rostros, hacen que sus  grandes creaciones de este género sean obras llenas de vida y de genio. Estamos viendo La lección de anatomía del doctor Tulp, entre muchas otras que se pueden encontrar en mi libro.

 

 

Pasemos ahora a uno de los capítulos (son dos o tres) destinados a las las Endocrinopatías.

 

Diego Velázquez fue pintor de Cámara de la Casa de Austria y, como tal, tenía a su disposición , enanos, deformes y lisiados contratados por la monarquía para entretenimiento de jóvenes y adultos. Lo más sorprendente lo encontramos en uno de los cuadros más conocidos, vistos y famosos del mundo: Las Meninas. Desde el punto de vista técnico/artístico, la composición es admirable y el tratamiento de la luz sobre los personajes no tiene igual. No es esto lo que nos interesa.

En el centro del cuadro se halla el motivo principal, la infanta Margarita de Austria, representada como una niña de tan sólo cinco años quien a esa edad ya menstruaba. Nos muestra además todos los signos del Síndrome de Albrigh: pubertad precoz; talla corta; bocio; exoftalmos hipertiroideo y tumor tiroideo, lo que provocaría su muerte siendo aún muy joven.

Su presencia se realza gracias a la leve penumbra en que quedan envueltos el resto de los retratados, entre ellos el mismo pintor. La puerta abierta y el espejo en donde se reflejan las figuras del rey (Felipe IV) junto a su joven esposa, Mariana de Austria, rompen un poco dicha penumbra. La infanta se halla acompañada por dos damas de la corte y, a la derecha, por dos enanos: Maria Barbola, de cabeza enorme, donde la expresión de su cara y los brazos cortos, denotan que es una enana acondroplásica. Por su parte Nicolasito Pertusato, perfectamente proporcionado, es un enano ateliótico. En el momento del retrato, contaba con treinta años.

Algunos autores opinan que "el secreto" de “Las Meninas no es otro que mostrarnos una escena que transcurre en la intimidad del Palacio Real de la Casa de Austria en Madrid.

La esencia de la escena está dada por la menina que está a la derecha de la infanta, (a la izquierda del cuadro) quien le ofrece a ésta en una bandeja una pequeña vasija de arcilla conteniendo barro.

¿Por qué un objeto tan humilde en una cámara real?

La explicación habría que buscarla en los remedios utilizados en la época para intentar cortar las hemorragias menstruales anormales. Se intentaba obstruir (opilar) los conductos que sangraban. Para ello, se masticaba barro o se tomaban determinadas aguas aceradas, con lo que se pretendía suprimir el flujo menstrual. Por lo tanto, el cuadro más famoso del mundo, representaría, entre otras cosas, un acto de curación, y el remedio utilizado -la vasija con barro- se encuentra en el centro del mismo.

 

Además de la infanta Margarita, otra representación pictórica de la afección denominada pubertad precoz, o madurez sexual precoz, es el personaje Eugenia Martínez de Gamas, (Museo del Prado) Sin piedad, fue llamada “la monstrua”. En ella se refleja que además de su corta talla, el desarrollo sexual y somático tuvo lugar antes del tiempo puberal, debido a la hipersecreción de hormona gonadal;  Es muy posible que haya padecido un tumor de la suprarrenal y/o de la hipófisis. Afecta más a las mujeres que a los hombres.

 

 Otro ejemplo de endocrinopatías lo podemos ver en los casos de Hipertricosis lanuginosa, conocida también como el Síndrome del Hombre Lobo. En realidad es una alteración muy rara, la causa es desconocida y no está asociada a ninguna enfermedad. Se expresa fenotípicamente, en las personas que la padecen, por un vello lanugo que las cubre completamente, a excepción de las palmas de las manos y de los pies. Es probable que podamos estar ante un caso de mutación genética, por lo que la mayoría de las veces es adquirida por herencia familiar, con la alta probabilidad de que muchos miembros de una familia puedan tener este síndrome.

 

Estamos viendo El Retrato de Antonieta Gonzáles.  Antonieta posa ante la pintora, orgullosa de su elegante vestido al estilo de la época y de sus labios primorosamente maquillados con carmín. Antonieta fue hija de Petrus Gonzáles, hombre también cubierto de pelo lanudo.

 

Retrato de Brígida del Río, -La Barbuda de Peñaranda- (Museo del Prado). Es una pintura que perpetúa un personaje que, sin los atuendos, no se podría sospechar que correspondiera al sexo femenino. Otro caso severo de virilización e hirsutismo, es el de Magdalena Ventura de los Abruzos, que aparece aquí junto a su marido y con un niño en los brazos. Solamente por sus atributos se logra destacar como una persona del sexo femenino.

 

Como anticipé veamos el caso de Vincent Van Gogh. ¿De qué manera su patología condicionaba su arte? Veamos cinco de sus más importantes y conocidas obras: Puente de Langlois y Ciruelo en Flor, en donde armoniosos tonos pasteles y paisajes idílicos se contraponen con los cielos tormentosos, turbulentos y caóticos de Noche estrellada y Campos en Cordeville. Estas imágenes nos informan del trastorno bipolar que sufría el artista. En Campo de trigo con vuelo de cuervos se vislumbran la desesperanza, la soledad y la melancolía de Vincent. Es, tal vez, el último paisaje de trigales. Los cielos tempestuosos y amenazantey el planear de los cuervos, sugieren  la premonición de la muerte.

 

Otro ejemplo lo encontramos en el impresionista Pierre Renoir: se ha dicho que cuando miramos sus pinturas es difícil suponer que sufría un gran problema físico, una grave enfermedad. Pintar, para él, fue casi una necesidad física y a veces una cura, como si desease crear sobre el lienzo aquellas cosas que tenía que perderse en la vida real a causa de su incapacidad. En efecto, es poco conocido que el gran pintor sufrió en sus últimos veinticinco años de vida, una dolorosa y severa artritis reumatoidePor esa razón, debía atarse el pincel a los dedos de sus manos para imprimir los colores a sus famosas pinturas.  

 

Prognatismo, una deformación de la mandíbula, por la cual ésta sobresale del plano de la cara. Esta patología ha sido una constante biológica característica de los Austria. En la imagen podemos apreciar cómo Carlos V, su bisnieto Felipe IV y el hijo de éste, Carlos II, portaban el inequívoco sello familiar.

 

Las patologías oftálmicas también fueron motivos para ser llevadas a los cuadros y hoy se encuentran en los más importantes museos Vemos dos pacientes afectados de Monoftalmia: el bello retrato de un Flautista tuerto y el de Filipo de Macedonia. Ambos se encuentran en el Museo del Louvre. Otra de las patologías oftálmicas es el estrabismo. Esta obra se debe a Rafael y es el Retrato del Conde Inghirani. 

 

 

Lepra: ejemplo de esta invalidez es Leproso pidiendo limosna. Uno de los más impresionantes y patéticos documentos pictóricos sobre la lepra. El enfermo se arrastra apoyando sus piernas vendadas en sendos entablillados. Su mano derecha se apoya en un pequeño caballete, mientras tiende el brazo izquierdo suplicante implorando al jinete, finamente ataviado, el favor de una limosna. En su cuerpo, vemos  los horrores de la enfermedad, figurados con una veracidad impiadosa, tal que pareciera el resultado de un castigo divino. El dedo pequeño encorvado en forma de gancho nos remite a la lepra nerviosa con lesiones tróficas.

 

Sífilis “Una noche con Venus, toda una vida con Mercurio”

 

Varios artistas, como pintores y escritores, se inspiraron en esta enfermedad y su poder destructivo. La siguiente obra es una pintura contemporánea en donde se observa el desastre consumado, representado por una airosa Venus que se aleja, mientras que, agazapada la macabra figura de la muerte con claras lesiones sifilíticas, arrastra la silla del infeliz.

 

Rinofima

Es una hipertrofia glándulo sebácea de la nariz que, si bien no reviste gravedad, es bastante penosa para el paciente dado su aspecto llamativo por el aumento de volumen, deformación y color violáceo, surcada de venosidades. Domenico Ghirlandio, pintor renacentista, fue autor de numerosas obras. Rescatamos, para nuestros propósitos, la pintura: El Viejo y el niño o  Retrato de un viejo con un niñoResulta curioso observar cómo la figura infantil imprime al cuadro un cierto aire de ternura que disminuye el aspecto desagradable del conjunto plástico creado por el pintor florenti

 


 

La vida de Frida Khalo estuvo marcada por el sufrimiento y las enfermedades. El primero de estos infortunios consistió en una poliomielitis que dio inicio a una serie de enfermedades, lesiones diversas, accidentes y operaciones. Tuvo que guardar cama durante gran tiempo de su vida, por lo que se atrofió su pierna derecha. “Un tranvía la dejo invalida físicamente, Diego la dejo invalida emocionalmente”. Hasta 1943, en que se realizó una nueva lectura de la ficha clínica de Frida, por prestigiosos médicos reumatólogos, estos sugirieron que la verdadera causa del padecimiento crónico de Frida fue una fibromialgia postraumática, enfermedad desconocida para la medicina hacia 1920. 

 

Para finalizar, un último dato. Recordar que en la actualidad los médicos clínicos para poder realizar una interpretación médica o diagnóstico de una patología, cuentan con los cuatro pilares esenciales de la exploración semiológica, la inspección, la palpación, la percusión y la auscultación. Por esa razón en estos tiempos de medicina protocolizada y altamente tecnológica, valoramos y concluimos que, sin dudas, debe haber resultado un desafío y un ejercicio apasionante aventurar un diagnóstico, sólo a partir de la inspección de un cuadro.

 


 

 * Esta conferencia fue dictada por nuestro colaborador Osvaldo Pamparana, oriundo de la ciudad de La Plata, en ocasión del Congreso de Medicina Interna celebrado en Rosario los días 14, 15 y 16 de mayo. Agradecemos a Osvaldo que nos haya proporcionado esta importante conferencia que seguramente nos enriquece. Para aquellos que quieran conocer las obras a las que hace referencia pueden consultar los libros del autor, o bien ingresar a internet para conocerlos.

 

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Osvaldo René Pamparana es Bioquímico procedente de la facultad de Ciencias Exactas de la Universidad Nacional de La Plata. Es autor de numerosos artículos, ensayos, cuentos y novelas breves. Por su labor cultural recibió, entre otras distinciones el premio Santa Clara de Asís y fue nombrado Ciudadano ilustre de la ciudad de La Plata. Se presentarán los capítulos sucesivos de su libro La Medicina y el Arte Correspondencia a: opamparana@lpsat.com