NUMERO 114 - junio

Relato


          

       Son llamativas estas cuestiones de la comunicación entre el médico y el paciente. No hay médico que diga que la relación médico paciente es un asunto sin importancia. Al respecto, hace unos días Hernán Gutiérrez me contó su experiencia:

-Pase Gutiérrez, buen día. ¿Qué anda haciendo por acá?

-Tengo un dolor en el pecho doctor.

-Sabe Gutiérrez, ¡he perdido mi sello! Hable, hable que lo escucho mientras lo busco en medio de este quilombo de papeles. Lo escucho.

-Sí, desde hace unos dos días siento como una opresión en el pecho, no es muy intenso, es molesto. Cuando cambio de posición siento como una puntada que me deja sin poder respirar. En realidad lo iba a venir a ver antes de ayer, pero con lo que nos estaba pasando… Mi hija, si mi hija. Lleva unos años de casada y esperaba, después de un enorme esfuerzo, su primer bebé. El embarazo venía bastante bien; ella con unos problemas en su casa, con su marido…pero la cosa iba bastante bien. Se la veía contenta dentro de todo. Mi señora le recomendaba que hiciera reposo, que no trabajara…el marido está desempleado ¿vio? El tipo no andaba bien. Decía que salía a buscar trabajo, y resulta que se iba al bar con los amigos a tomarse unas cervezas. Alguna vez hasta me pidió unos mangos prestados.

-Este sello de mierda, ¿adónde se habrá metido? Voy a ver de nuevo cajón, por cajón.

-Mi hija trabaja en una verdulería, en el barrio nomás. Se hace con unos pesitos que le sirven para las cosas de la casa. El hace rato que no labura. Viven en una casita que construí en el fondo; siempre estamos juntos. Cuando mi hija vuelve a la noche picamos algo y charlamos. Ernesto regresa más tarde, a veces viene con bronca. Nos damos cuenta por la forma en que abre y cierra las puertas. Desde casa, alcanzamos a oír cuando le pega un grito a mi hija. Pensamos, inocentemente, bueno, todas las parejas tienen sus peloteras, se arreglan y ya. Nunca nos pareció que le pegara a mi hija, no parece esa clase de hombre. Tampoco nos consta que viniera borracho.

-Y ahora… ¿qué hago toda la tarde sin sello? Veo por última vez en el maletín, y si no lo encuentro me voy.

-Hace tres noches, vino a los gritos desde la calle. Estábamos los tres en la cocina. Ya sabe, mi señora, mi hija y yo. Entró pateando la puerta hecho una furia. En dos zancadas se puso al frente de mi hija como para darle un golpe. Allí salté y me interpuse, es mi hija doctor. ¿Qué podía yo hacer? Me barrió con el brazo y fui a parar al lado de la heladera. Primero pegué con la puerta y luego caí al piso. Cuando vi que tomaba a mi hija por la cara, me enloquecí. De un salto estuve de nuevo a su lado, el codazo que me dio aquí, si justo aquí, me saco del medio y me dejó sin respiración. A mi señora la amenazó, pero no la tocó. A Mabelita le dio una cachetada y en el suelo, le pateó la panza.

¡Acá está el hijo de puta! Escondido bajo el tensiómetro en el maletín. ¿Adónde me dijo que le dolía?    


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(*) Prof. Dr. Ricardo Teodoro Ricci • Médico Clínico • Especializado en Comunicación Humana y Sistemas Humanos • Titular interino de Antropología Médica (Grado) • Adjunto a cargo de Epistemología (Posgrado) Facultad de Medicina Universidad Nacional de Tucumán .