NUMERO 116 - noviembre

¿Es inocua la obra de arte?



Hace unos años, desde Medicina y Cultura intentamos, sin grandes éxitos en estos tiempos del “sálvese quien pueda”, contribuir a la humanización de la carrera y, con ella, de la relación médico-paciente, pues comprendimos, a través de la experiencia, que la biología y la técnica no son suficientes para la formación de los médicos. Entonces, señalamos a las humanidades como una vía de enriquecimiento de los hombres y mujeres que ejercen profesiones relacionadas con la salud. El cine es, en este sentido, junto con la literatura, una forma de acercarnos al hombre con sus principales interrogantes, carencias y, por qué no, miserias. Una tarea sin duda difícil que requiere un gran esfuerzo y, no menos, una enorme resistencia  a desaparecer. Por mi parte, sostengo que si repercutimos favorablemente  en unos pocos casos, podemos darnos por satisfechos.

Si bien es cierto que incursionar en las diferentes formas del arte y de la cultura nos hace más instruidos y más empáticos con los pacientes, estas disciplinas no solo benefician a los médicos y al ejercicio de la profesión, sino a toda la sociedad que, en términos globales, se ha tornado individualista en exceso. Este tema me introduce en las numerosas y dispares críticas que ha ocasionado - y continúa haciéndolo - el film  Joker, el Guasón, estrenada en Rosario hace pocos días.

Me pregunté por qué el Guasón suscita  tantos comentarios, una cuestión que de por sí habla bien de cualquier obra, siempre que se polemice sobre ella. Salir del cine como entraste, aporta poco al enriquecimiento de nadie; sin embargo, el cine puede ser sólo un entretenimiento. No es éste el caso. No olvidamos que el film es heredero de un cómic de vida prolongada y continuada desde tiempos inmemoriales. ¡Quién no supo de Batman! Pero, a decir verdad, no es la razón por la cual se habla y se escribe tanto acerca de la película dirigida por Todd Phillips y protagonizada de manera sublime por Joaquín Phoenix. Y aquí me detengo, pues no sería justo hacer comentarios sobre la película en particular, sin mencionar la maravillosa actuación del actor que protagoniza al Jóker. Y me pregunto: la empatía que despierta el personaje sería la misma sin la interpretación de Phoenix; no lo sé, pero me arriesgo a decir que la plasticidad de su cuerpo, su risa, casi sardónica, y hasta sus mohines, se hicieron merecedores del aplauso cerrado del público, sin que esta observación desmerezca la interioridad del film. El actor y su actuación no han sido puestos en tela de juicio.

Dado que hemos elegido también el cine como forma de enriquecimiento en Medicina y Cultura, hay una pregunta que me interesa plantear en particular, pues sobrevuela el film: ¿puede una película ser criticada solo como un hecho estético?, o hay que pedirle más; ¿hay que pedirle que respete y enseñe una suerte de ética del comportamiento?; en otros términos, que sea ejemplar para el público de masas.

El filósofo y politólogo Juan Giani [1] planteó esta disyuntiva con respecto a la obra artística. Cito textualmente:

¿Corresponde juzgar una obra artística por la estructura moral que la sostiene o los caminos políticos que sugiere? Si la respuesta fuese negativa (pues existe una autonomía relativa del hecho estético que autoriza a describir sin juzgar, a analizar sin bendecir soluciones) la película Guasón es sin dudas impecable. Agudamente revulsiva, herética para los cánones habituales de Hollywood y con una brillante actuación de Joaquín Phoenix. Si la respuesta fuese afirmativa (pues el cine es también una pedagogía de masas que puede orientar conductas y dictaminar sobre la rectitud de los procedimientos), los méritos de la película de Todd Philips decrecen. La patologízación de los líderes o el anarcoterrorismo que allí se bendicen, no parecen el mejor sendero para terminar con los males del capitalismo contemporáneo que, con evidente talento, se describen.

 

Es bastante claro que Giani pretende una ética de la obra de arte, sobre todo de un cine que convoca masivamente a público de todas las edades. Discrepo en que la obra de arte tiene que tener obligatoriamente una ética exterior a ella para educar. Si así fuera, existen miles de películas reñidas con las “buenas costumbres” que, sin embargo, un público adulto debería de estar preparado para desentrañar. La pedagogía de los finales felices para los buenos, poco deja de enseñanza al público de masas. Sí, quiero aclarar, que a pesar de las reminiscencias de Batman, no es un film para niños.

Aun siendo pertinente y respetable el breve análisis de Giani, que amerita ser profundizado, hubo otros que discrepan con la idea de una obra de arte que pierde valor porque a su través se celebra el camino del caos y del terror.

De las múltiples críticas que se han hecho, hay algunas en las que, a mi juicio,  ni siquiera, vale la pena detenerse. Por esta razón y por la brevedad de estos comentarios, me interesa una en particular, respetuosa de la obra de arte, a la que le otorga absoluta libertad sin sujeción a ninguna regla ética y que considera, con enorme lucidez, que a través de lo peor del Guasón, el público aprende. No es casual que sea de un polémico Michael Moore. El cineasta en cuestión, comienza diciendo, en las redes: "es una obra maestra", y "nos han dicho que es violenta, enferma y moralmente corrupta. Una incitación y celebración del asesinato”. 

Moore hace una defensa apasionada de la película, hasta el punto de afirmar que el riesgo que corre la sociedad es no ir a ver la película y perderse la realidad que viven los norteamericanos. Sin lugar a dudas, la crítica del cineasta es política en el sentido más profundo del término. Apunta directamente a aquellos que consideran que es una película “peligrosa”; para Moore el peligro está en descubrir, a través de ese personaje despreciado, denostado, traicionado, sumido en la locura, que por primera vez se siente reconocido y emulado cuando se convierte en un homicida,  "la violencia real que destroza a nuestros seres humanos: 30 millones de estadounidenses que no tienen seguro médico es un acto de violencia. Millones de mujeres y niños maltratados que viven con miedo es un acto de violencia".

 



 


[1] J. J. Giani es Licenciado en Filosofía, docente de la cátedra de Problemática del Pensamiento Argentino I y II, UNR. Autor de varios libros de Filosofía política. El breve comentario citado fue expuesto en las redes.








 

*Tratándose de un espacio abierto que cuenta además con acceso a correo de lectores, les propongo a los que hayan visto el film y tengan interés en hacerlo, que viertan libremente su opinión al respecto.

 
















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Amalia Pati es médica clínica y licenciada en letras. Colaboradora de la revista de Letras de la Facultad de Humanidades y Artes - UNR y coordinadora de esta edición. Obtuvo el segundo Premio en el Primer Concurso Municipal de Ensayo 2005 con el ensayo: La tuberculosis y sus “metáforas” en el siglo XIX y principios del siglo XX: un debate abierto. Correspondencia a: amaliapati2014@gmail.com