NUMERO 116 - noviembre

Serendipia



El hombre actual no tiene tiempo para la contemplación, y vive esforzándose, conformándose con lo poco que puede hacer solo, sin el apoyo que le puede brindar la vida.

                                                                                  Enrique Mariscal

 

Serendipidad es la capacidad que tienen algunas personas de realizar descubrimientos de manera accidental. Según Pasteur, el azar favorece sólo a mentes preparadas. Esto diferencia el azar, como oportunidad, de la buena suerte, como respuesta adecuada. Un simple ejemplo basta para darle la razón a Pasteur: de todas las personas a las que  le cayeron manzanas sobre la cabeza, a lo largo de la historia, sólo una, Newton,  transformó esta situación en buena suerte: su respuesta fue crear la Ley de la Gravedad.

El término Serendipia (ni su derivado, serendipidad)  no existe en el idioma español, es sólo una adaptación de la palabra inglesa Serendipity, que a su vez es un neologismo acuñado por Sir Horacio Walpole, en 1754, a partir de un relato persa titulado Los tres príncipes de Serendip, en el que los protagonistas, unos príncipes de la isla Serendip, nombre árabe que se le daba a Ceylán (actual Sri Lanka), eran tres afortunados dotados de la cualidad de hacer descubrimientos a través de increíbles casualidades. Las versiones inglesas del relato provienen del libro Peregrinaggio  di Tre Giovani Figluoli  del Re di Serendippo, publicado en Venecia por Tramezzino.

 

El término serendipia ha sido rescatado recientemente gracias al renovado interés en este tipo de asuntos y otros motivos culturales. A continuación,  algunos ejemplos:

 

* En 1993, el cometa Shoemaker-Levy 9, fue descubierto casualmente mientras la pareja Shoemaker-Levy buscaba fotografiar objetos cósmicos próximos a la tierra. Esto es serendipia

* Una de las teorías del dulce de leche, es que fue producto del olvido de una criada, al dejar en el fuego la leche con azúcar (“lechada”).

* La más famosa es la que le permitió a Alexander Flemming, en 1922, abrir el camino hacia el descubrimiento de la penicilina. Flemming estaba analizando un cultivo de bacterias, que dejó por unos días mientras realizaba un viaje; al volver, encontró que la placa de bacterias se había contaminado con un hongo. Así fue como, más tarde, descubrió que alrededor de ese hongo no crecían las bacterias, e imaginó que ahí había algo que las mataba. Aunque él no la aisló, ese episodio dio inicio al descubrimiento de la penicilina.

* Niels Bohr llevaba mucho tiempo trabajando en la configuración del átomo. Un día, tuvo un sueño en el que percibió un modelo posible de la estructura del átomo; al despertar, lo dibujó en un papel, sin darle mucha importancia. Sin embargo, poco tiempo después, volvió al papel y se dio cuenta de que había hallado la estructura que tanto lo había desvelado.

* Arquímides descubrió el principio que lleva su nombre al introducirse  en una bañera y observar cómo su cuerpo desplazaba una masa de agua equivalente al volumen sumergido. Fue ése el momento en que se dice que salió desnudo a la calle gritando Eureka!

* Lo que hoy conocemos como Teflon (Politetrafluoretileno), fue descubierto casualmente, en 1938, mientras el doctor Roy J. Plunkett trabajaba en el desarrollo de sustancias refrigerantes. Debido a un mal funcionamiento durante sus experimentos, realizó este hallazgo.

* El libro Las musas de Rorschach, publicado en 2008, es fruto de un conjunto de casualidades necesarias. Los tres relatos abordan el tema de la musa y el doble, pero fueron escritos en tiempo y forma diversos, sin que los autores se conocieran.

Los casos de Serendipity no se agotan con esta enumeración.

 

Por cierto, el interés por conocer estos descubrimientos azarosos nos lleva a corroborar que, por el camino de abrir la mente a lo inesperado, estos hombres célebres,  provenientes de distintas disciplinas, aprovecharon  los acontecimientos que les ocurrieron por accidente para hacer hallazgos asombrosos.

Si prestamos atención a los fenómenos que ocurren aquí y ahora, podremos darnos cuenta de que no siempre somos la única causa de los acontecimientos que ocurren a nuestro alrededor, porque existe además otra fuerza que contempla nuestra inteligencia y nuestros anhelos.

Si aprendemos a ver los hechos de la vida, podremos percibir que existen fuerzas desconocidas que parecen querer favorecernos para que se cumpla nuestro destino. Y que a veces actúan cuando nos encontramos al borde del abismo.

Conocer el propósito de la vida es importante, pero  no suficiente, pues se necesita además de la intervención del “hado” (oportunidad), esa energía orientada al mismo propósito que se activa y se presenta en forma accidental.

No siempre se logra ver las oportunidades que nos ofrece la vida de forma inesperada, puesto que implica muchas veces tener que cambiar de rumbo, dejar lo conocido y arriesgarse a penetrar en el terreno de lo desconocido. Sólo los que están atentos al presente inmediato, son capaces de apreciar y de aceptar este desafío proveniente de fenómenos que nos exigen más penetración; quizás, el ritmo que llevamos, apurados y preocupados por el futuro, no nos permita invertir nuestros sentidos en aquellos acontecimientos que no admiten distracciones por su fugacidad.

 

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Jorgelina Presta es médica clínica y docente de la Cátedra de Clínica Médica de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Rosario, Argentina. Es miembro estable del Comité Editorial del portal médico Clínica-UNR.org.