NUMERO 117 - marzo

Biología y biografía

 


La vida imita al arte mucho más que el arte imita a la vida.

                                                    Oscar Wilde.

 

El cuerpo es la materia donde sucede la vida y también la muerte. Con él, cada uno interpreta un papel distintivo, único, e interactúa con otros. El cuerpo siempre es una sociedad. Galeno fue el primero en estudiarlo allá por el año 162. Pero, recién en 1543 se fundó la anatomía moderna con el libro de Andrés Vesalio, titulado De humani corporis fabrica libri septem (De la estructura del cuerpo humano en siete libros). Hoy no se requiere la disección cadavérica, condenada durante siglos, para estudiarlo. El desarrollo tecnológico hizo visible toda la biología del cuerpo; incluso, ha desentrañado la secuencia del genoma.

La especie humana, además de modificarse desde el momento mismo en que se unen espermatozoides y óvulos, cambia con la historia personal de cada uno. La biología se transforma con la biografía.

El cuerpo es la escenografía, el territorio donde cada cual con lo que hereda construye su identidad física: los deportistas, las modelos, los artistas, los intelectuales. Es nuestra propia obra de arte, una escultura que moldeamos cada día. Ese cuerpo biográfico sucede en un tiempo histórico y cultural. La convivencia y el medio ambiente nos atraviesan: la violencia, el hambre, el sol, el frío, la abundancia, el encierro, los accidentes y las cirugías dejan huellas inevitables. El cuerpo es la síntesis material de lo heredado, nuestras conductas y la impronta de la vida en sociedad.

El cuerpo muestra lo que nos oculta, como la punta de un témpano que nos obliga a sumergirnos y así, desde la profundidad, poder dimensionar la verdadera magnitud del ser humano. La escucha es una forma de bucear. Somos personas porque nos comunicamos, hablamos, tenemos lenguaje. La palabra es la herramienta más poderosa para que el cuerpo se exprese y, a su vez, lo conmueve. Sigmund Freud, a fines del 1800, revolucionó el pensamiento de la época con su construcción psicoanalítica. A partir de él, sabemos que el inconsciente afecta el funcionamiento del cuerpo e influye en nuestros hábitos y conductas. Actuamos y, luego, damos sentido a nuestros actos; las acciones afectan nuestro cuerpo. Somos tan conscientes como inconscientes.

Todas las palabras oídas desde el nacimiento, nuestra historia de vida que se remonta a los ancestros, afectan nuestro cerebro y moldean un organismo distintivo en cada uno. ¿Cuántos hábitos y comportamientos fueron pasando de generación en generación condicionando nuestra anatomía? Somos lo que comemos, bebemos, respiramos, hacemos, leemos y hablamos. El cuerpo escucha, y obedece.

Mucho tiempo antes, 400 años antes de Cristo, los griegos plantearon el concepto de democracia; el pueblo, los ciudadanos, constituyen el Estado y eligen su forma de convivencia. Democracia de cuerpos protegidos, con derechos, aunque otros desolados, a la intemperie.

El cuerpo es testigo y protagonista de los estigmas y secuelas de la pobreza, de la inequidad; y también de la riqueza, de la opulencia.

La política es la escultora de un cuerpo social; la economía, su mano, y la cultura, su arquitecta.

La biología que heredamos por la genética, constituye apenas el ingrediente, la arcilla que será moldeada desde que nacemos por la biografía personal y el entorno social.

El cuerpo es el soporte material de las ideas que transcurrieron en la historia de la humanidad.

 

El hombre es un animal que cuenta historias

                      El tero canta en un lado y pone los huevos en otro

 Refrán popular

          El lenguaje corporal no es sólo el habla; se expresa de infinitas maneras, con los otros y consigo mismo. La expresión más profunda de placer del cuerpo es con otro, y la llamamos amor; a la soledad del sufrimiento, dolor. 

         El cuerpo humano puede ser interpretado desde la ciencia y el arte. La medicina lo lee con la semiología de la ciencia; así, las manifestaciones pueden ser signos o síntomas. El signo es toda expresión objetiva, mensurable: la temperatura, la presión o el tamaño de un tumor. La tecnología, que reemplazó a los sentidos, permite diagnosticar de manera precisa los signos. Pero todo cuerpo contiene un ser humano, y el síntoma, lo subjetivo, requiere del lenguaje: ningún órgano habla.

       El desafío es el síntoma. Ese es el lenguaje del cuerpo que nos interpela, nos incomoda, nos inquieta y no tiene una respuesta universal. Es único e irrepetible.

        El refrán popular dice que el tero canta en un lado y pone los huevos en otro. La ciencia desentrañó las notas musicales de su canto; midió el tamaño del pico, cuántas plumas y huesos posee; si es macho o hembra; cómo son y cómo funcionan sus órganos. La ciencia cree saber todo acerca del tero. Pero no puede saber dónde oculta lo más importante para él, que son sus huevos, la continuidad de la especie. La ciencia ha resuelto la biología del tero, sólo eso. El arte permitiría descubrir dónde esconde los huevos.

       ¿Y los seres humanos?, ¿dónde escondemos el dolor?, ¿dónde, el amor?

    Ciencia y arte se necesitan y no pueden prescindirse en la lectura del cuerpo. Se entrelazan de manera indisoluble;, percibimos la belleza en la ciencia y la técnica en el arte.

 

 

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Carlos Presman. Médico. Prof. titular de Semiología, Hospital de Clínicas. Universidad Nacional de Córdoba. Autor de los libros: Ni vivo ni muerto, Letra de Médico y Vivir 100 años. carlospresman@gmail.com