NUMERO 120 - setiembre

Un riesgo poco estimado


“A veces suelo recostar, mi cabeza en el hombro de la luna,

        y  le hablo de esa amante inoportuna, que se llama Soledad”.

                                                                       J.Sabina.


Se trata de un  fenómeno omnipresente, al que, a veces, los médicos olvidamos. Es bien conocido que la soledad provoca serios deterioros en la salud física y mental: aumenta las hormonas del stress, incrementa  el riesgo cardiovascular, el riesgo de enfermedades autoinmunes y, también, de demencia. Induce a la depresión  y, en ocasiones, al suicidio. Se asocia con un mayor número de accidentes domésticos y de tránsito, con trastornos del sueño y disminución de la inmunidad.

La soledad y el aislamiento no siempre van de la mano. Hay personas que pueden aislarse socialmente (existencia ermitaña) y no sentirse solas. De igual modo, otras pueden sentirse solas, aun estando  rodeadas de mucha gente; en especial, si sus relaciones no son satisfactorias a nivel emocional.

Todo indica que lo que enferma y mata, es la soledad percibida.. Ésta última es un desencadenante de stress crónico que afecta la expresión de genes proinflamatorios. Según algunos estudios, parecería llegar a sus niveles más altos en adolescentes y en adultos jóvenes, para volver  a  aumentar en la vejez.

La soledad  es la etiología de los síndromes clínicos que vemos a diario en el consultorio, y esto no es pensamiento mágico. Gran parte de los cuadros clínicos que registramos en nuestros pacientes, son  consecuencia de los esfuerzos adaptativos de las personas a un contexto que demanda una carga que no pueden soportar.*

El impacto de la soledad en la salud física es comparable con fumar quince cigarrillos por día. Y, entre las personas mayores de sesenta años, es un predictor de deterioro funcional y muerte.* Sin embargo, aún no forma parte de las historias clínicas, ni de las guías ni scores de las patologías clínicas más relevantes.

Es imprescindible concebir a los pacientes como seres íntegros, y no sólo como un conjunto de moléculas, células y tejidos. Por lo tanto, se torna imperativo incorporar, en el interrogatorio y en el escuchatorio, otras variables distales, ambientales y evolutivas que incrementarán nuestra capacidad de comprenderlos y ayudarlos.

 

*Para más información véase Daniel Flichtentrei; Cerebro clínico; Intramed.

 

 

 

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Jorgelina Presta es médica clínica y docente de la Cátedra de Clínica Médica de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Rosario, Argentina. Es miembro estable del Comité Editorial del portal médico Clínica-UNR.org.