Año 1

Nº 11

Diciembre 2007  
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Acerca de "Paradojas del rey desnudo"
Por  Amalia Pati (*)
 


 

 
 
 

En Paradojas del rey desnudo, Daniel Flichtentrei se sorprende – y se enoja – cuando comprueba el lugar que ocupan nuestras universidades en el concierto de las universidades del mundo. Llegar al puesto doscientos y no estar es casi como no existir.

Sin embargo, aunque la sorpresa es válida se puede decir que hay en la educación argentina una coherencia. En La Nación del 8 de diciembre apareció un artículo que muestra la coherencia, con una salvedad: la de que todo mal cuando no se cura se agrava.

 

El artículo, titulado “Conflictos docentes y desinversión, causas del bajo nivel educativo”, realiza una consulta a expertos sobre el tema quienes opinan sobre las causas del deterioro de la educación secundaria en nuestro país, puesto en evidencia con los resultados de una evaluación internacional llevada a cabo, en 2006, por el Programme for International Student Assessment en el que la Argentina se ubicó en los puestos 51, 52 y 53 en ciencia, matemática y comprensión de textos, respectivamente, sobre 57 naciones evaluadas. Otra vez, es casi como no existir.

 

Finlandia, Corea, Canadá, Nueva Zelanda, Irlanda y Australia, entre otros, ocupan los lugares más encumbrados en educación. La explicación por la cual estos países logran alcanzar niveles de excelencia parece ser la “inversión de recursos económicos, de energía y de esfuerzos, la formación docente de larga duración, la provisión de libros, la gran confianza depositada en el estado como articulador de políticas educativas y la integración en las aulas de alumnos con distintos niveles de conocimientos”. Cabe agregar que Uruguay y Chile obtuvieron mejores puestos que la Argentina.

 

Cualesquiera sean las causas – de hecho, convergen las mencionadas y otras – parece haber una continuidad, en el peor de los sentidos, entre el fracaso de la escuela secundaria y el de la universidad argentina. Y no podía ser de otro modo. No es que nuestras universidades sean una joya – nada más lejos - pero los alumnos que no aprenden en la escuela secundaria a comprender un texto – sea éste un texto literario, científico o incluso un enunciado de un ejercicio matemático – son los mismos que en la facultad de medicina, por ejemplo, no pueden desentrañar un caso clínico porque desconocen el significado de palabras no sólo técnicas sino también palabras comunes de su lengua materna.

Son los mismos que no encuentran las palabras para ordenar la enfermedad actual de un paciente después de haberles explicado, hasta el hartazgo, que no es otra cosa que la narración cronológica de los síntomas.

 

Sin dudas el pobre lugar de las universidades argentinas es también una suma de causas, algunas de las cuales son propias de las altas casas de estudios como lo es el “facilismo” que conduce al desinterés y al acostumbramiento a la peor de las mediocridades, etc, etc, etc; sin embargo, frente a estos acontecimientos se podría asegurar que si no se corrigen las profundas falencias de la escuela media, no hay recursos que alcancen para que la universidad ocupe, algún día, un lugar más destacado en el conjunto mundial.

 

 
 

  (*) Amalia Pati es médica clínica y licenciada en letras.
Colaboradora de la revista de Letras de la Facultad de Humanidades y Artes - UNR y coordinadora de esta edición.
Obtuvo el segundo Premio en el Primer Concurso Municipal de Ensayo 2005 con el ensayo: La tuberculosis y sus “metáforas” en el siglo XIX y principios del siglo XX: un debate abierto.

Correspondencia a:
pastoritap@yahoo.com.ar
 
 
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