Año 1

Nº 11

Diciembre 2007  
  Números anteriores
  Acerca del comité editorial
  Contactos
 
 
 
Ejercicio clínico: Resolución
Por  Amalia Pati (*)
 

¿Quién era el paciente?



Wolfgang Amadeus Mozart

 
 
 

En efecto, como respondieron los lectores del suplemento, el músico protagonista de este ejercicio clínico es Mozart; en su caso, bastaría con nombrarlo de este modo, sin embargo, a los que padecemos una curiosidad que va más allá de su historia clínica, nos gusta saber que su nombre completo era Joahnnes Chrysostumus Wolfgangus Theophilus. Nació, en Salzburgo, el 27 de enero de 1756 y murió, en Viena, el 5 de diciembre de 1791. Como se dijo en la primera parte del ejercicio, Mozart y su hermana mayor fueron los únicos hijos sobrevivientes de siete que tuvo la familia. Ellos heredaron el talento musical de su padre, compositor y profesor de música, hombre muy religioso que consideraba que el prodigio de su hijo era un don divino y, por lo tanto, a él debía todo su esfuerzo.

A pesar de haber sobrevivido, Wolfgang fue un niño y un joven de frágil salud. Estos hechos no son extraños puesto que la expectativa de vida, en su tiempo, era mucho menor que la actual. Estadísticamente, era muy probable no sobrevivir a la primera infancia; un tercio de los niños morían dentro de los primeros seis años de vida y sólo la mitad de la población vivía hasta los veinte años. No obstante, de los que alcanzaban  la adultez, un buen porcentaje podía llegar a los cincuenta años o más. Por ejemplo, dos músicos contemporáneos de Mozart vivieron mucho más que él: Beethoven (que fue motivo de un artículo anterior de este suplemento) murió a los cincuenta y siete años, y Hayden vivió hasta los setenta y siete, mientras que Bach, quien había nacido en el siglo anterior, murió a los sesenta y cinco.

 

 

Probables diagnósticos de la enfermedad que lo llevó a la muerte

 

Las frecuentes episodios de faringitis, probablemente estreptoccócica, que padeció Mozart durante la infancia, bien podrían haber desembocado en una fiebre reumática que explica las artralgias acompañadas de fiebre, así como la presencia de los nódulos subcutáneos que se registraron en una oportunidad. Las secuelas y las complicaciones de la fiebre reumática que conocemos, tales como las valvulopatías que con el tiempo pueden conducir a una insuficiencia cardíaca y/ o complicarse con una endocarditis bacteriana y, más raramente, la nefritis que puede conducir a insuficiencia renal, no explican totalmente las quejas del último año del músico y ni siquiera el cuadro clínico que lo llevó a la muerte.

 

Se ha especulado, también, que la causa de la muerte podría haber sido un Síndrome de SchönleinHenoch. Los que apoyan este diagnóstico, lo hacen en base a los cólicos abdominales y al probable compromiso renal. De acuerdo con estos autores, la incidencia de compromiso renal en estos pacientes es tan elevada como el 61% y, de éstos, el 31% de los adultos mueren por insuficiencia renal. Además, la nefritis crónica que puede progresar a IRC se desarrolla en el 10% de los pacientes con este síndrome cuando compromete el riñón. La mayor contra, para el diagnóstico, es la falta de mención a la púrpura que es el rasgo distintivo de la vasculitis del síndrome de SH. Algunos - los que defienden el síndrome de SH - argumentan que los médicos que atendieron a Mozart registraron un rash cutáneo.

Es frecuente que cuando muere un gran personaje de una causa desconocida, se acuda a la posibilidad del envenenamiento. Él mismo  lo creía  y su mujer, Constance, también reportó que su marido había sido envenenado. La pregunta que se han hecho los estudiosos de la enfermedad final del músico es ¿quién podría haber querido envenenar a Mozart? Si no fuera porque Constance hizo la advertencia, - y la historia dice que amaba a su marido - se podría pensar que ella misma lo envenenó, ya que es un arma clásica que usan las mujeres para matar. Pero sucede que el popular compositor contemporáneo de Mozart, Antonio Salieri, fue uno de los principales sospechosos. Verdad o leyenda, se ha dicho que Salieri, quien  carecía del talento de Mozart, competía ferozmente con él; la película de Milos Forman se encargó de mostrar una competitividad que podría ser potencialmente criminal. Sin embargo, hay quienes aseguran que tal enemistad fue más un montaje que una realidad.  Para cerrar la leyenda, Salieri – que parece haber terminado ciego y con una demencia . cuando se empobreció su salud mental, admitió que él lo había envenenado pero, a esa altura, su incompetencia mental hizo poco creíble este reconocimiento.

Las sospechas de envenenamiento recayeron también sobre un miembro de la logia masónica a la que pertenecía Mozart; un personaje desconocido que pensaba que el músico había revelado secretos de la logia en La flauta mágica.

En el supuesto caso de que Mozart haya sido envenenado, la otra pregunta que cabe es ¿qué sustancia puede haber causado los síntomas? El mercurio era muy usado, en la época, para el tratamiento de las enfermedades venéreas, y podía conducir a insuficiencia renal y edemas; sin embargo, es poco probable que haya recibido esta sustancia, ya sea como veneno o para el tratamiento de la sífilis, porque no hubo evidencias de que Mozart padeciera esta enfermedad, y porque el mercurio produce temblores severos de los que no hay registros en su historia clínica..

También se sugirió que Mozart pudo haber contraído una enfermedad epidémica aguda que causó numerosas muertes, en Viena, para la misma época en que murió el músico. La naturaleza de la enfermedad no se conoce pero, dada su débil constitución, no sería extraño que hubiera sido afectado por una infección epidémica aguda. Cualquiera de ellas puede causar síntomas gastrointestinales y el cuadro clínico final que presentó Mozart, razón por la cual este evento no puede descartarse. 

Por el cuadro clínico que, en ocasiones, puede ser fatal, la triquinosis es otra de las enfermedades posible. Además, en una carta a su mujer, Mozart le contaba que había comido cerdo seis semanas antes de la muerte. Teniendo en cuenta que el período de incubación de la triquinosis puede ser hasta de 45 días, en algunos casos, podría tratarse de esta enfermedad; sin embargo, las mialgias que caracterizan la triquinosis no fueron un rasgo prominente del cuadro clínico.

Una de las hipótesis más atractivas es que Mozart podría haber muerto de un Hematoma subdural crónico, producto de una fractura de columna. En torno a este supuesto, existe una historia que tiene ribetes ficcionales. Después de su muerte, Mozart fue enterrado en una tumba común. El sepulturero, un tal Joseph Rothmayer, quien sabía de la fama del músico, identificó el cuerpo colocando un alambre en torno al cuello. Diez años después, desenterró la columna que, luego, desapareció hasta 1842. En 1868, quedó en posesión del anatomista vienés Joseph Hyrtl y, en 1902, pasó a ser propiedad del Mozarteum de Salzburgo. En 1991, se reavivó el interés por esta historia cuando un antropólogo francés - Pierre-François Puech - examinó la columna y detectó una fractura, parcialmente consolidada, que podría haber sido la causa del hematoma. Aunque no existen registros de un accidente de jerarquía, este diagnóstico se sustenta en que las cabalgatas eran prácticamente un hábito en la vida de Mozart. Por otra parte, ni siquiera se sabe si la columna pertenecía a Mozart, puesto que los estudios de ADN llevados a cabo no fueron concluyentes. En suma, este diagnóstico es poco probable ya que el cuadro clínico final dista de ser el de un hematoma subdural.

Otros diagnósticos que se plantearon son sífilis, hemorragia cerebral u otro accidente cerebrovascular aunque la sintomatología no corresponde a dichos eventos. También se pensó en fiebre tifoidea como la causa de muerte.

En el momento de la muerte del músico, se  diagnosticó una fiebre miliar aguda que había sido descripta por W. Osler, en 1892, como una enfermedad infecciosa de origen desconocido, caracterizada por fiebre, sudores y una erupción vesicular generalizada. En casos graves, se puede presentar delirio, fiebre alta, gran postración y hemorragias – escribió Osler. A pesar de que los datos corresponden con los síntomas que padeció el músico, este cuadro podría corresponder a cualquier enfermedad infecciosa que presenta rash.

 

Han pasado más de dos siglos de la muerte de Mozart y, sin embargo, es imposible decir si algunos de estos diagnósticos corresponden a la enfermedad que nos privó muy tempranamente de uno de los prodigios musicales más grandes de todos los tiempos.

Ocurre, en este caso, lo mismo que en la discusión de los seminarios de clínica médica cuando no se puede llegar a un diagnóstico definitivo. Sin embargo, siempre se arriesga. Creo que Mozart, en efecto, pudo haber tenido una fiebre reumática con algunas de las complicaciones mencionadas pero, a mi juicio, la causa final de muerte fue una infección sobreagregada: fiebre tifoidea, “fiebre miliar aguda, al decir de Osler” o cualesquiera de las infecciones agudas que cursan con síntomas gastrointestinales.

 

La pregunta que nos hacemos cuando analizamos, con los escasos datos disponibles, la causa de muerte de un grande, es qué hubiera sido del enfermo en la actualidad con los adelantos médicos y tecnológicos disponibles frente a los diagnósticos planteados. La respuesta más razonable es que Mozart probablemente hubiera sobrevivido – o, en el peor de los casos, se hubiera prolongado su vida: antibióticos, corticoides, diálisis, etc, así como los modernos estudios por imágenes, nos darían casi con seguridad el diagnóstico y, por ende, el tratamiento adecuado.

 

  

* Algunos de los datos de esta discusión fueron tomados de Medscape General Surgery,  2007.

 

 
 

  (*) Amalia Pati es médica clínica y licenciada en letras.
Colaboradora de la revista de Letras de la Facultad de Humanidades y Artes - UNR y coordinadora de esta edición.
Obtuvo el segundo Premio en el Primer Concurso Municipal de Ensayo 2005 con el ensayo: La tuberculosis y sus “metáforas” en el siglo XIX y principios del siglo XX: un debate abierto.

Correspondencia a:
pastoritap@yahoo.com.ar
 
 
    Medicina & Cultura es un suplemento de Clínica-UNR.org
© 2007 - 2010 Todos los derechos reservados