Diálogo imaginario con Oliver Sacks

 
 
Elemento Oliver

Por Napoleón Candray (*)

 
 

 
 

Sabíamos, por las declaraciones acerca de tu vida, de tu afición a la tabla periódica de los elementos; te acompañó a lo largo de tus libros injertados en tu vida con el número característico de cada elemento; así, supimos de tu humilde bismuto y tu temeroso polonio, mensajero de muerte radiactiva; si bien eres de la familia de conocidos a través de los libros, esa gran familia literaria universal, en la que todos somos parientes por haber leído sus párrafos y chineado sus libros, no tuve la alegría de conocerte personalmente, pero al abrir uno de tus libros, con tu mensaje, casi sentía que me saludabas con el aire bonachón que irradian sus páginas.

A través de la lectura me enteré de que las enfermedades se viven, además de que se sienten, y los médicos debemos de interactuar tanto en la vivencia personal del paciente como en el entendimiento de su patología, sin poder precisar cuál es más importante o cuál va primero. Me hiciste entender que la enfermedad no puede ser narrada sin ser sentida por ambos personajes que la sufren, el médico y, sobre todo, el paciente, pues la responsabilidad de padecerla y ayudar a sobrellevarla – y en el mejor de los casos, curarla - es de ambos.

En mi viaje hacia La isla de los ciegos al color , comprendí, como oftalmólogo, la importancia del color en nuestras vidas, y admiré cómo los residentes en ese espacio de tierra y agua, mantenían su padecimiento, conservándolo como un escudo o como un símbolo patrio, que no doblegaba su entusiasmo de vivir.

En El hombre que confundió a su mujer con un sombrero , conocí los recovecos del cerebro que juega con nosotros escondiéndose en cada esquina y cambiándonos las figuras como en un juego infantil, tal como lo comenta Daniel F con su elegante escrito dirigido a ti; nos enseñaste cuánto valor literario y humano hay adentro de cada una de las historias de nuestros pacientes, relacionado con su enfermedad y su manera de padecerla. Gracias Oliver, como me hubiese gustado decirte y, quizá, a ti, también, escuchar de un colega que, como muchos otros, hubiera deseado conocerte y agradecerte personalmente por tus libros, que han colaborado tanto con la comprensión de una relación que no siempre sabemos llevar adelante, la del médico y del paciente. Nos dejas inquietos y ansiando que en el “más allá”, también, tengas historias para contarnos, y nos esperes para leerlas juntos en un ateneo de espiritualidad.

Tu lector y colega, Napoleón

 

 

 

 

 

 

 

 
 
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(*) Napoleón Candray Graduado de médico en la Universidad Nacional de El Salvador, Centro América. Título de Especialista en Oftalmología por la Clínica Barraquer de Barcelona, España, con residentazo aprobado por la Universidad de Bellaterra, Barcelona, España. Ex presidente de la Cooperativa de Médicos Comedica. Declarado “Hijo Meritísimo de la Ciudad de San Salvador” por el Gobierno Municipal de la Ciudad. Becario por la República de Italia para el curo “Líderes en Cooperativismo en Latinoamérica”. íón.

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